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18 de agosto de 2011

Contenido americano de lo "hecho en China"

Todos hemos escuchado que los Estados Unidos tiene un déficit comercial con China. Por lo regular, los artículos periodísticos que mencionan este hecho aderezan la nota con un mensaje de preocupación y alarma. Esto es previsible porque el déficit comercial es uno de esos asuntos que confunden y preocupan a muchos cuando, en realidad, no tiene porque hacerlo.

A propósito de ello, recientemente dos economistas (Galina Hale y Bert Hobjin) de la Reserva Federal de San Francisco presentaron un estudio de titulado THE US CONTENT OF MADE IN CHINA.

Aquí la encuentras.

Su investigación señala que únicamente el 2.7 por ciento de las compras del consumidor norteamericano se destinan a bienes que dicen "MADE IN CHINA". Además, un porcentaje significativo de esta cantidad es valor agregado que generan los emprendedores y las empresas norteamericanas que comercializan el producto.

Of the 2.7% of U.S. consumer purchases going to goods labeled “Made in China,” only 1.2% actually represents China-produced content.

Aquí una gráfica interesante que muestra un desglosado del consumo en los Estados Unidos según lugar de origen:




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6 de abril de 2011

Los beneficios de la política comercial se miden en importaciones

Donald J. Boudreaux, profesor de economía de George Mason University y co-autor del blog Cafe Hayek, escribe en una carta al editor del Wall Street Journal como se debe medir el éxito o fracaso de la politica comercial.

... Trade’s benefits are measured in imports; the more the better. Exports are the costs of getting these benefits. In a truly ideal world ... we’d continually receive cargo ship after cargo ship of automobiles, MP3 players, foodstuffs, and countless other valuable imports in exchange for our export of a single toothpick...



Aquí la fuente.

La política comercial es contraintuitiva: la mayoría de las personas consideran que el objetivo es 'aumentar exportaciones' aunque, en realidad, el propósito es incrementar las importaciones y comprar del extranjero más productos por menos costos (exportaciones).

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8 de marzo de 2011

Desarrollo regional y política comercial

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos. Las opiniones y errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió en vivo el martes 8 de marzo a las 7:40 AM.


La semana anterior se publicaron los resultados definitivos del Censo de Población y Vivienda del 2010. La base de datos contiene una gran cantidad de información que nos permite identificar la manera en que ha evolucionado el perfil demográfico, social y económico de quienes habitamos el país. Por ejemplo, el censo reporta que, al año pasado, éramos más de 112 millones de personas y que la tasa de crecimiento poblacional sigue disminuyendo. Estos datos fueron los que más resaltaron los medios de comunicación, pero el día de hoy, con base en la información del INEGI, quiero compartir una reflexión sobre el desarrollo regional del país y su relación con la política comercial.

Los resultados del Censo confirman un aumento en la brecha, un aumento en la diferencia en la calidad de vida entre el norte de México y el sur del país. Desafortunadamente, en estados como Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Puebla, las condiciones de vida son menos favorables para sus habitantes. Esto lo vemos en indicadores en salud, educación, vivienda, por mencionar unos cuantos.

¿Qué tiene que ver la política comercial con esto?

Para responder, conviene dividir la economía regional del país en dos etapas. Por un lado, durante la mayor parte del siglo pasado, una creciente y excesiva centralización de la actividad económica en el área metropolitana del Distrito Federal; por el otro lado, a partir de mediados de los ochenta, un crecimiento relativamente mayor de la zona norte del país.

Hablemos de la primera etapa.

Por varias décadas (durante la posguerra y hasta mediados de los ochenta), nuestro país mantuvo una política de sustitución de importaciones. En los hechos, México cerró su frontera al comercio internacional. Esta política se mantuvo principalmente por cuestiones filosóficas aunado al descubrimiento y existencia de enormes reservas petroleras que, según se decía, fomentarían el crecimiento de la economía nacional. Gracias al petróleo, no era necesario comerciar con el exterior.

Durante ese tiempo, la política comercial no permitía a los agentes económicos intercambiar bienes con el extranjero y únicamente podían hacerlo en el país. Esto contribuyó a que la actividad económica se concentrara en la Ciudad de México. Esto es más claro si lo vemos desde la perspectiva de un inversionista. Si para el productor mexicano únicamente podía comerciar en su país, lo más sensato era ubicar sus operaciones en el centro económico más importante y de ahí surtir al resto del país. Con todo y sus problemas, el Distrito Federal tenía el mayor número de clientes potenciales, así como de proveedores. La política comercial promovió la concentración.

Pero esta lógica de distribución de la actividad económica se transformó con la apertura. El país dejó a un lado el modelo de sustitución de importaciones y, con ello, inició uno de los procesos de descentralización de la actividad económica más importante, no solo del país, sino de la región.

La apertura ahora permitía a los agentes económicos mexicanos intercambiar bienes y servicios con el extranjero. Naturalmente, otros mercados internacionales, particularmente Estados Unidos, se tornaron muy interesantes y para algunos se convirtieron en su principal mercado. Bajo esta lógica, para el inversionista ahora tiene más sentido ubicar o reubicar sus operaciones productivas más cerca de estos nuevos mercados.

Sin duda la Ciudad de México sigue siendo un centro de negocio muy importante, pero –a diferencia de la época de sustitución de importaciones- ya no es el único y probablemente no sea el más relevante (depende del sector). Con la apertura, nuestro vecino del norte ejerció una fuerza de atracción importante y acercó a sus fronteras una parte sustantiva de la actividad económica que anteriormente se instalaba en la Ciudad de México.

En resumen, como una consecuencia del cambio en la política comercial, hemos visto la aparición de 'dos Méxicos': hacia el norte, uno vibrante; y, hacia el sur, un país que avanza a un ritmo considerablemente menor. Si bien las diferencias regionales son un fenómeno que tenemos muy presente, debemos reconocer que es un fenómeno relativamente reciente en términos históricos. Hasta hace dos décadas, el problema regional de México era la enorme brecha entre el DF y el resto del país. Los datos que presentó el INEGI la semana pasada confirman la transformación del patrón del desarrollo regional en México en las últimas décadas.

¿Qué hacer?

Esta es la gran pregunta. La respuesta tradicional es utilizar gasto social para mejorar las condiciones de vida en el sur del país pero llevamos años con esta fórmula y no hay mejoras sustantivas. Con base en el planteamiento aquí presentado, parecería más efectivo preguntarnos como acercamos estas regiones a otros mercados y como los insertamos a la dinámica comercial.

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19 de enero de 2011

Sobre la política comercial

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos. Las opiniones y errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió en vivo el martes 18 de enero a las 7:40 AM.


La semana pasada se presentó el Índice de Libertad Económica 2011. El índice busca medir los obstáculos a la actividad económica en más de 150 países. El estudio de libertad económica es uno de los instrumentos más completos para analizar y comparar más de 100 variables en todas estas economías. El índice global se correlaciona fuertemente con indicadores de bienestar como son el PIB per cápita, la esperanza de vida y el cuidado al medio ambiente, por mencionar tres.

Desafortunadamente, este año, nuestra calificación bajó del 68.3 al 67.8. Descendimos siete posiciones pasando del lugar 41 al 48. En las próximas participaciones, si la coyuntura lo permite, analizaré los principales componentes del índice y, de esta manera, presentar al auditorio, una radiografía de la economía mexicana. El día de hoy limitaré mis comentarios a la política comercial.

El estudio nos muestra que México tiene una política comercial con sus claroscuros. Por un lado, tenemos la mayor red de tratados comerciales en el mundo. Somos referencia global. Ningún país ha tenido la capacidad para abrir, vía documentos legales, tantos mercados. Esto muestra que México le da la bienvenida a la competencia y que, con todo y sus problemas, somos un destino atractivo de inversión.

¿Dónde está nuestro problema en materia comercial? Según el estudio, en las barreras no arancelarias. Desafortunadamente, las restricciones regulatorias y la escasa aplicación de la ley en materia de propiedad intelectual (por mencionar dos), son un lastre y no permiten al país aprovechar al máximo su red comercial. A diferencia de lo que muchos pensarían, en materia comercial todavía hay una enorme agenda pendiente.

Muchas veces se defiende la apertura porque, se dice, crea empleos. Este no es el mejor argumento. Es más, llevar la apertura a un tema laboral puede confundir. Si aceptamos la relación ‘exportaciones-empleo’, deberíamos aceptar también el binomio ‘importaciones-desempleo’ y esta asociación es errónea.

Desde una perspectiva parcial, es cierto que las exportaciones generan empleo en las empresas que las venden y las importaciones afectan a las empresas y sectores que no se modernizan. Pero si vemos a la economía en su conjunto, sucede algo distinto. Normalmente, cuando el país tiene superávit comercial, el índice de desempleo tiende a ser más alto; por el contrario, las épocas de bajo desempleo coinciden con los tiempos del déficit comercial. No hay, pues, una relación clara entre la política comercial y el empleo.

Entonces, ¿cuál es el argumento central? ¿Por qué es conveniente la apertura?

La apertura es deseable porque incrementa la competencia. El beneficio primordial de esta política pública es el aumento de la oferta de bienes y servicios disponible al consumidor.

La apertura comercial y la competencia son parte de una dinámica que nos lleva hacia un uso más productivo de los recursos. Cuando hay competencia, se generan los incentivos para que los productores produzcan bienes y servicios a precios relativamente más bajos y de mejor calidad. Ante el aumento de la competencia, difícilmente sobrevivirán los productores que no modernicen sus procesos y eleven sus estándares.

Ahora, quienes defendemos la apertura debemos reconocer que la dinámica competitiva puede generar adversidades en algunos sectores. En otras palabras, el aumento de la competencia si puede ocasionar pérdida de empleo en las empresas e industrias que se fueron añejando. Para quienes trabajan en estos sectores, la situación definitivamente es angustiante porque las causas de su desempleo están totalmente fuera de su control.

¿Qué hacer? La teoría dice que los trabajadores se reubicarán paulatinamente en los sectores más dinámicos. Se dice fácil, pero la realidad es más complicada. Mientras se hace el ajuste, habrá trabajadores desempleados y el responsable, al menos políticamente, será la competencia extranjera. Por ello, los defensores de la apertura deben también mostrar preocupación por los trabajadores cuyas habilidades se fueron haciendo inadecuadas e insuficientes para competir en un mundo globalizado. Cuando se defiende la apertura, también debe ponerse sobre la mesa, por ejemplo, los programas y esquemas de capacitación y educación continua para que los trabajadores puedan mejorar sus perspectivas y se mantengan empleados en sectores y economías más modernas.

Para concluir, regresando al índice de libertad económica, el estudio nos está diciendo que, con todo y los logros, con todo y nuestros tratados comerciales, hay tentaciones proteccionistas que están limitando la competencia a través de barreras no arancelarias. Ahí está el foco amarillo.

Limitar la competencia es contraproducente en el largo plazo. Las economías, tarde o temprano, se modernizan. Hay un ímpetu en la sociedad que exige el progreso y, en materia económica, éste descansa en la competencia. Si intentamos limitarla, retrasaremos el crecimiento y muy probablemente ocasionaremos eventualmente un daño mayor porque entonces el ajuste no solo será inevitable, sino drástico. Y, por lo general, esto más difícil de procesar.

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18 de septiembre de 2009

The Economist le pierde la confianza a Obama

Durante la campaña presidencial, el semanario británico The Economist respaldó en su página editorial a Barack Obama y llamó a los norteamericanos a votar por el candidato del Partido Demócrata.

Ahora, en su más reciente edición, The Economist confiesa que está empezando a dudar de su decisión y deja entrever que es posible que se haya equivocado.

Resulta que Obama recientemente decidió imponer aranceles a las llantas producidas en China y la revista argumenta que esta decisión populista es un error tanto económico como político. Como primera prueba de que la decisión es desafortunada y equivocada, está el hecho de que se anunció el viernes pasado a las 9 de la noche y, como dice la revista, cuando un gobierno sabe que hizo algo indebido y no quiere que muchos se enteren, hace el anuncio correspondiente un viernes por la noche.

Aquí el mea culpa de la revista.

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