23 de noviembre de 2007

Por una Democracia sin Adjetivos

Hoy, hace 24 años, Enrique Krauze publicó un texto titulado Por una Democracia sin Adjetivos. Aquí el link. Si lo leen completo es posible que se queden con la sensación de que, si bien el país es distinto, nuestra realidad no ha cambiado.

Resaltaré unas partes.

Aquí el párrafo inicial:

El país abriga un agravio insatisfecho. Su origen es la irresponsabilidad con que el gobierno dispuso de la enorme riqueza que pasó por sus manos entre 1977 y 1982. Sabe que fue una oportunidad de desarrollo, rara y quizás irrepetible, como no se ha presentado probablemente a ningún otro país latinoamericano. Presiente que con la oportunidad se fue también, por un largo tiempo, la posibilidad de un progreso sano, armónico y destinado a aliviar los problemas ancestrales del país desde tiempos de Humboldt: la desnutrición, la desigualdad, la insalubridad, la pobreza…

Sigue vivo nuestro gran pendiente: la rendición de cuentas.

... En México, en cambio, hasta el campesino más humilde escuchó la prepotente publicidad del “oro negro para todos” seguida, poco tiempo después, por un mensaje diametralmente opuesto: vivimos una economía de guerra. Y todo esto sin que mediase una explicación pública sobre las causas del desastre o una admisión de responsabilidades. Sobre el daño, el silencio....

El texto se escribió en uno de los momentos más difíciles de nuestra historia reciente: la crisis económica del 82 y el desmoronamiento de un sistema cerrado en lo político y económico.

... Si en lo político el Presidente De la Madrid busca algo más que un gobierno digno, recto, republicano y austero -obligado, sobre todo, por las circunstancias-, y si reconoce la profundidad del agravio insatisfecho, su desempeño político deberá rebasar decididamente los márgenes del proyecto inicial hacia medidas que propicien una gran participación política y que por su dinámica propia impidan cualquier reversión autoritaria...

Por lo demás, es verdad que sólo una parte de la obra política depende del presidente y de sus colaboradores. El resto corresponde a la sociedad….Por ahora, en 1984, lo único claro es que el cuerpo político y la sociedad civil tienen frente a sí una labor titánica de reforma que en principio admite resumirse en tres preguntas claves: ¿Ha comenzado a poner, el gobierno de De la Madrid, diques perdurables al poder ejecutivo y, en general, al Estado? ¿Podemos desplegar una sana y madura vida de partidos? ¿Cuál es la situación actual de la prensa? No son, admitámoslo, todas las condiciones para la democracia, pero en nuestras circunstancias de hoy, como en la unánime y corrupta Inglaterra dieciochesca, son las fundamentales.


Por último, Por una Democracia sin Adjetivos es un texto optimista:

... Si es verdad que carecemos del genio teórico de Francia y no nacimos predestinados a la democracia como Estados Unidos, nuestra historia reciente demuestra que poseemos cierta sabiduría para acumular pequeñas experiencias y aprovecharlas democráticamente. México fue, por mucho tiempo, país de revoluciones y revueltas, pero también ha sido un país de reformas...

... La clave puede estar en una palabra: iniciativa. Hay que tomar la iniciativa. No es una palabra ajena a nuestro vocabulario histórico: México abolió la esclavitud antes que Estados Unidos e Inglaterra; desarrolló un mestizaje político y social más limpio e igualicario que el de esos países; desterró de un plumazo los prejuicios raciales y religiosos, y ha sido siempre, por vocación, puerto generoso y seguro para el perseguido de otras tierras. La Revolución Mexicana fue también, a su modo, una gran iniciativa, el primer asalto mundial al bastión del liberalismo económico. Y ya en la raíz misma -lo olvidamos a menudo- México fue estadonacional antes que Italia o Alemania. Más de ciento sesenta años de vivir como una comunidad nacional, y muchos más como una comunidad cultural, son suficientes para tomar -para volver a tomar- la iniciativa democrática. Tenemos un tiempo limitado: el de nuestras vidas.

1 comentario:

Juan Carlos Luna dijo...

Me encanta el texto de Krauze, la reflexión precisa en el momento necesario.

No obstante, y sin deseo de entrar en una guerra semántica, y aceptando plenamento su reflexión histórica, me inclinaría hoy, por exáctamente lo contrario: una democracia CON adjetivos.

Hoy no estamos buscando "transitar" a la democracia, sino intentando consolidarla. Krauze urgía a la eliminación de los agravios electorales priístas, urgía al cambio, urgía a la definición del Sistema Político Mexicano, o se vivía en democracia o no se vivía. No había puntos medios, o era, o no.

Hoy, hemos afianzado esa transición democrática y entramos de lleno a la consolidación ( que como dicen los politólogos( siempre es incierta porque existe la posibilidad de que provoque una reafirmación del regimen autoritario previo).

Es en estos menesteres, donde estamos urgidos de direcciones, de definiciones, de adjetivos, que nos ayuden en la hoja de ruta, hacia la consolidación.

Instituciones electorales sólidas ( y no al viavén del caracter de un Congreso ineficaz ), participación ciudadana plena ( y no con procesos electorales de 40% de padrón), información perfecta ( y no producto de la guerra de televisoras y sus compromisos personales) que restrinjan la "tentación" de la regresión autoritaria.

Hoy, necesitamos adjetivos, mas allá del concepto de democracia. Si hemos elegido la poliarquia Dahliana, ahora hay que cumplir con la receta.

NOTA:
Y como corolario, y solo para hacer enojar a mi estimado jefe deL blog: ¿que no fue en la revista Vuelta de enero de 1984 cuando se publicó tan trascendental artículo de Krauze?