3 de noviembre de 2009

El aniversario de la caída del Muro de Berlín

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos. Las opiniones son personales y los errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió en vivo hoy martes 3 de noviembre a las 7:45 AM.



Efectivamente, aprovecho el espacio para salirnos de los temas coyunturales y compartir con el auditorio un par de reflexiones en relación a la caída del Muro de Berlín, sus implicaciones y sus efectos. Esto porque el próximo lunes se conmemoran veinte años del suceso que, en mi opinión, es un punto de inflexión en la historia de las relaciones internacionales y simboliza las características, las complicaciones y los profundos cambios que han sucedido en el mundo en las últimas décadas.

Como antecedente y para contextualizar, es importante señalar que el muro que dividía la ciudad alemana se levantó varios años después de la Segunda Guerra Mundial. Su construcción tenía varios objetivos, entre ellos detener la lenta migración de alemanes de la zona administrada por las autoridades comunistas hacia la zona occidental de la ciudad. Con los años, el Muro se convirtió en un fiel retrato de lo que significaba vivir en el este de Europa: una extensa zona geográfica gobernada por autoridades pro-soviéticas y en donde las personas carecían de derechos políticos y libertades económicas.

La primera reflexión tiene que ver con el fenómeno que comúnmente llamamos globalización. El Muro de Berlín es, en cierto sentido, el primer proceso político derivado del mismo.

La globalización es un conjunto de cambios sociales, culturales, económicos y políticos impulsados por tecnología de comunicación e información. Y en este sentido, para muchos, la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 no hubiera sucedido si no fuera por la influencia de la televisión satelital. La posibilidad de ver en las pantallas como se vivía en otras partes del mundo sirvió para que las personas compararan su realidad y esto contribuyó a que los gobiernos comunistas perdieran el poder.

1989 fue un año de movimientos sociales y políticos muy importantes. Por ejemplo, las protestas a favor de la democracia en China y que terminaron con la masacre de la Plaza de Tianamen; de igual forma, en ese año, en Sudáfrica inició el fin del régimen del apartheid. Y bueno, también debemos recordar que en ese año, por primera ocasión en la historia política de nuestro país, un partido distinto al PRI ganó la gubernatura de un estado. De nuevo, en todos estos casos, no podemos soslayar el papel de las tecnologías de comunicación para informar de los episodios y motivar los cambios.

La segunda reflexión tiene que ver con lo que nos enseña la caída del Muro de Berlín sobre la mejor forma de organizar el sistema económico de un país con el propósito de mejorar los estándares de vida de la población. Lo que sucedió con el levantamiento del muro y su eventual derrumbe es lo más cercano a lo que los científicos sociales podrían llamar un experimento controlado.

Alemania, después de la segunda guerra mundial, era un país destruido y empobrecido por el conflicto militar. Meses después de concluida la guerra, Alemania se dividió y se formaron dos países, la Alemania Occidental –digamos, la capitalista- y Alemania Oriental –la comunista. En ambos se instituyeron modelos económicos muy distintos. En el primero se privilegió la actividad del sector privado y se formó un marco legal que protegía la propiedad privada; en el segundo, la actividad económica la dirigía el gobierno y se abolió la propiedad privada.

Recordemos que ambos países partían de la misma situación económica y la población en las dos Alemanias compartían rasgos culturales: religión, idioma, tradiciones. Es decir, lo único que cambio en ambas fue el marco institucional en el cual se desarrollaría la actividad económica y productiva. Con los años, los resultados y las implicaciones de ambos sistemas fueron evidentes para los alemanes y el resto del mundo.

La caída del Muro de Berlín evidenció que el camino que siguió Alemania Occidental era mucho más productivo y confirmó que el modelo capitalista representa la mejor manera (o la menos mala, en términos churchilianos) para elevar los niveles de vida. Por otra parte, el experimento socialista en Alemania Oriental mostró que ese modelo no genera crecimiento sostenible, pero si es muy efectivo para 'estancar' los niveles de vida.

La lección del muro de Berlín, y en particular los experimentos económicos en las dos Alemanias son excelentes lecciones de lo que se debe hacer si lo que queremos es realmente generar un mayor crecimiento en el mediano y largo plazo. Alemania no es el único ejemplo que podríamos mencionar. Ahí está, por ejemplo, Corea del Norte y Corea del Sur.

Hoy en día en muchos países, y México no es la excepción, debatimos cuál es el papel del estado y, muy en concreto, cual es su función en la generación de riqueza. El aniversario de la caída del Muro de Berlín nos recuerda que la clave del éxito es el marco institucional; en concreto, la existencia de un gobierno que limite su intervención en la economía y, mucho más importante, la presencia de reglas del juego que protejan la propiedad privada. Cuando tenemos ambos elementos, el orden social produce los incentivos adecuados para el crecimiento.

A diferencia de lo que anticipo van a decir los diputados y vamos a escuchar hasta el cansancio en las próximas semanas por la discusión del presupuesto de los gobiernos locales y federales, el gasto público no es el factor fundamental para el crecimiento. Regresando al caso alemán, el gasto gubernamental en Alemania Oriental era considerablemente superior en términos de su producto interno bruto que el gasto público en la Alemania Occidental; no olvidemos que esta última fue la que prosperó y rebasó prácticamente a todo el mundo.

Es correcto señalar que el gasto público es benéfico si se destina a las actividades socialmente útiles, pero la experiencia histórica e internacional es que ningún país eleva en el mediano y largo plazo su niveles de vida a través del gasto público. En el corto plazo puede ayudar a algunos sectores, pero no a todos. La clave –y esta es la gran lección de los episodios que se conmemorarán el próximo lunes- es el marco institucional que protege la propiedad privada y la credibilidad que tenga el gobierno para respetarlo y hacerlo respetar.

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