17 de octubre de 2007

La mejor política social es la política económica

En la mañana me enteré que hoy era el Día Internacional para Erradicar la Pobreza. Me enteré de esto gracias a la entrevista que el periódico Reforma le hizo a Rogelio Gómez Hermosillo quien, durante el sexenio anterior, fue el coordinador del programa Oportunidades. Aquí la entrevista. Aquí la página del programa Oportunidades.

La entrevista me provocó la siguiente reflexión.

No dudo que las personas que hablan de “erradicar la pobreza” lo hacen con la mejor intención. Me parece que muestran una amplia generosidad y una gran preocupación por los que menos tienen. Estoy seguro que sus nobles deseos y acciones pretenden, en realidad, mejorar las condiciones de vida de los más pobres.

Pero la expresión “erradicar la pobreza” refleja un enfoque (un marco mental) equivocado. Por eso, a pesar de todos los esfuerzos, el país sigue en la misma situación. Llevamos más de 15 años con la misma política social, es decir, con programas que pretenden mejorar las condiciones de salud, alimentación y educación de los menos favorecidos. Todos lo vemos y solo en corto se dice, pero a pesar de los esfuerzos y los recursos gastados, no han habido avances sustanciales. Seguimos hablando de 45 millones de mexicanos en condiciones de pobreza.

"¿Como erradicar la pobreza?" es una pregunta equivocada.

Hace doscientos años, en todo el mundo, más del 98 por ciento de la población, vivía en condiciones de pobreza. Solo una muy pequeña minoría disfrutaba condiciones relativamente mejores. Pero esta minoría, debe anotarse, vivía peor que una familia de clase baja del siglo 21. Por ejemplo, la esperanza de vida de la 'nobleza' era de tan solo tres o cuatro décadas. Sus condiciones de vida diaria eran, bajo nuestros estándares, mas que precarias. Y como este indicador, hay muchos otros.

Desde ese entonces, miles de millones de personas han salido gradualmente de esta situación. La gran, pero gran, mayoría lo logró porque generó bienes y servicios que la sociedad encontró útiles. Fueron, en otras palabras, emprendedores y, gracias a su visión, generaron riqueza. Ningún país de los denominados 'desarrollados' progresaron gracias a una política social. Repito, sus habitantes mejoraron por si mismos sus condiciones de vida y así la sociedad se fue enriqueciendo.

Por eso, la pregunta no es ¿cómo erradicar la pobreza? Los policymakers deben preguntarse como los que menos tienen pueden generar riqueza. Por ejemplo, ¿cuáles son los bienes o servicios que ellos mismo pueden producir? ¿Hay bienes públicos que les pueden ayudar a reducir sus costos? Este tipo de preguntas son política económica.

Quienes menos tienen no quieren dádivas. Solo buscan una oportunidad. Ellos saben que solo ellos mismos pueden dejarle un mejor futuro a sus hijos.

4 comentarios:

Ferg dijo...

Estoy de acuerdo en lo que dices si cuando te refieres a política social le pones el adjetivo de “asistencialista”. Desde mi punto de vista, para elevar el bienestar de la población no basta con una sola de las dos políticas. La política económica sienta las bases para una política social exitosa y ésta última a través de la educación, salud, vivienda, etc., tiene impactos económicos al generar un aumento en las condiciones de bienestar que influyen en la productividad, desarrollo de capacidades (emprendedores) y la estabilidad social, es decir expande el potencial productivo y crea condiciones favorables para el desarrollo económico.

La mejor de las políticas económicas seguirá necesitando de una buena política social (No asistencialista).

Saludos

JLT dijo...

Ferg. Como se dice, point well taken. Me has convencido.

Anónimo dijo...

Ahh que esa chica FERG, siempre convenciendo a todos...y si no...a callar, k radical.

Crecimiento económico: contribución a la generación de empleos y reducción de la pobreza.

En la última década, el debate académico acerca del crecimiento económico se ha centrado principalmente en la vinculación de éste, con la desigualdad y la reducción de la pobreza. Sin embargo, una posición (legado del pasado) que aún es común en la política de desarrollo de algunos países, basada en consideraciones teóricas ortodoxas, sostiene el argumento que la política económica debe centrarse exclusivamente en la eficiencia (en el sentido de la optimización del uso de los recursos disponibles, entre ellos el trabajo), y la política social por su parte, focalizarse en la equidad mediante transferencias de suma fija no distorsivas y mejorando el acceso a los bienes públicos, con el objetivo de superar las desigualdades provocadas por el mecanismo de mercado . Esta posición ortodoxa se ha relajado con los años, al haberse encontrado resultados que muestran que el equilibrio resultante, una vez relajado los supuestos en los que se basa, no necesita ser eficiente. En efecto, la literatura que se refiere a arreglos institucionales, especialmente en el contexto de países en desarrollo, muestra que en algunos casos incluso se puede hablar de “complementariedad” entre la equidad y la eficiencia. Incluso ambos pueden ser objetivos “sustitutos”, pero no separables en el mundo real.

Como resultado del debate más reciente ha surgido un consenso más o menos amplio, respecto a la relación entre los distintos objetivos de política. En primer lugar, no parece haber dudas respecto a la importancia del crecimiento económico (entendido éste como el aumento del ingreso per cápita del país) para la reducción de la pobreza. La evidencia empírica muestra que los países que históricamente han experimentado una importante reducción de la pobreza, han acompañado esta reducción con prolongados periodos de crecimiento económico. Sin embargo, también es cierto que en las últimas décadas, la reducción de la pobreza no ha tenido la extensión deseada -esto es cierto tanto para Latinoamérica en su conjunto, como para el caso especial de México- la conclusión de esto es que el crecimiento económico no es suficiente para hacer frente al estigma de la pobreza. En muchos casos, la política diseñada para generar crecimiento ha traído consigo mejoras en la calidad del empleo, la salud, la educación y los derechos de los ciudadanos, pero también es cierto que esto no ha alcanzado para liberar de la pobreza a grandes porciones de la población. Es decir, un incremento del nivel de ingreso nacional no asegura que toda la población se vea beneficiada en igual magnitud de esa mejora, y en especial, la población en situación de pobreza cuenta con menos herramientas para apropiarse de las nuevas oportunidades que genera el crecimiento.

Para una revisión de esta discusión ver
(a) Economic Growth, Social Policy and Decent Work. OIT, 2001
(b) Poverty Reduction and Growth: Virtuous and Vicious Circles. Banco Mundial. 2006

Rocío Arango Giraldo dijo...

En cuanto al tema hay mucho què decir a parte de la cantidad de tinta que se ha gastado.

Pero en Latinoamèrica es clara la increduliad sobre las posibilidades del aporte de la sociedad civil.