14 de septiembre de 2010

Reflexiones del Índice de Competitividad Mundial

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos. Las opiniones son personales y los errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió en vivo el martes 14 de septiembre las 7:40 AM



La semana pasada el World Economic Forum presentó el Índice de Competitividad Mundial y, para nuestro país, los resultados son malos. El reporte nos ubicó en el lugar 66 de 139 países. Con respecto al año anterior, descendimos 6 posiciones.

La realidad es más lastimosa si analizamos nuestro desempeño con cierta perspectiva histórica. En 1999 ocupamos el lugar 31 y, desde entonces, nuestra posición competitiva ha caído. Fuera de un par de ocasiones, hemos sido consistentes porque año con año bajamos un par de peldaños en esta medición.

¿Qué significa esto?

Que nuestro país, comparado con el resto del mundo, camina lentamente hacia la irrelevancia económica. A pesar de sus recursos naturales, su ubicación geográfica y una población trabajadora, en términos de su capacidad para atraer y retener inversiones y talento, México va hacia atrás.

Es importante señalar que el estudio se construye con encuestas y, en consecuencia, estamos hablando de percepciones. Pero en estos temas, la percepción es la realidad y mas si consideramos que los encuestados son los empresarios que están vinculados directamente a los flujos de inversión extranjera.

Otro dato. Año con año se incorporan nuevos países al estudio, pero esto no explica el descenso de 6 posiciones pues ninguno de los países recién incorporados está por encima de México.

Regresando al estudio, para determinar donde se ubica cada país, los encuestados evalúan 117 elementos o variables que se agrupan en 12 grupos o pilares para facilitar su explicación.

Ahora, la pregunta clave, ¿en qué destacamos?

Primero, en el tamaño del mercado.
Somos el décimo segundo país más poblado del mundo y esto nos hace un mercado atractivo. No obstante, esto no es un gran mérito, aunque si representa una oportunidad.

Por otro lado, también destacamos en el ambiente macroeconómico. Los fundamentales son sólidos. Hoy en día, no se perciben problemas serios en este rubro.

Estos dos componentes son los únicos donde obtenemos buenas calificaciones. En todo lo demás, estamos de media tabla para abajo.

¿En qué estamos mal? ¿Cuáles son las desventajas competitivas?

Nuestra peor calificación la obtenemos en rubros relacionados a la seguridad. En el rubro "presencia de crimen organizado", ocupamos el lugar 136 de 139. El estudio también muestra que para muchas empresas los costos que genera la inseguridad son muy altos. Ocupamos el lugar 132 en esa categoría.

También tenemos problemas en la calidad del sistema educativo (aquí ocupamos la posición 120) y, en particular, la calidad de educación en ciencias y matemáticas. En este aspecto, ocupamos el lugar 128.

La rigidez del mercado laboral, es decir, las normas que regulan las relaciones laborales entre las empresas y los trabajadores, también contribuyen al bajo nivel de nuestra economía.

Mientras tanto, mientras se mantiene esta tendencia, el gobierno mantiene sus llamados a que el Congreso apruebe reformas estructurales como la reforma laboral. El Congreso y los partidos, por su parte, siguen preocupado en temas que, en términos de esta agenda, no parecen ser los más importantes.

El documento es extenso, pero entendible. Nos permite hacer una revisión y comparación puntual con muchos países pero también nos ayuda a identificar patrones o fenómenos de la economía global dignos de un análisis más profundo.

Por ejemplo, el estudio ratifica que la geografía de la actividad económica se está moviendo. Los flujos económicos están pasando de los llamados países desarrollados a los llamados países emergentes. Países como Brasil, China e India llevan años creciendo a tasas espectaculares y la información disponible hace suponer que se mantendrán así por mucho tiempo. Las economías emergentes son, hoy por hoy, uno de los principales motores de la economía global. Desafortunadamente, para nuestra causa, México no ha logrado insertarse exitosamente en esta dinámica.

Relacionado al tema, los motores económicos tradicionales no muestran la misma vitalidad. Llama la atención, por ejemplo, el desempeño de los Estados Unidos. Nuestro vecino descendió varios lugares. Hace varios años era el indiscutible primer lugar. Ya no. El año pasado pasó al segundo lugar y este año retrocedió dos posiciones más. Aclaro, Estados Unidos tiene elementos estructurales que lo hacen todavía una economía extremadamente productiva; pero si hay nubes en el horizonte. Su mayor debilidad es su estabilidad macroeconómica, en particular su enorme déficit público.

Para concluir, simplemente señalo que este estudio debería motivar una reflexión seria, profunda de lo que estamos haciendo como país. Nos estamos quedando atrás en términos de nuestra capacidad para atraer y retener inversiones y generar empleos productivos. La incapacidad o falta de voluntad de la clase política por lograr acuerdos y reformar la economía, nos genera costos. Las reformas si son necesarias y urgentes -dejen ustedes para subir- simplemente para que ya no nos rebasen.

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