28 de septiembre de 2010

Sobre las elecciones en Venezuela

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos. Las opiniones son personales y los errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió en vivo el martes 28 de septiembre las 7:40 AM.


El día de hoy pongo sobre la mesa el proceso económico y político en Venezuela.

Por un lado, en un hecho que prácticamente pasó desapercibido en la prensa mexicana, el pasado viernes, el Presidente Chávez entregó las primeras Cédulas del Buen Vivir. La Cédula del Buen Vivir es una tarjeta que permite a los portadores adquirir alimentos y otros productos en tiendas . Independientemente de que puede ser un foco de corrupción (así tiende a suceder en los países donde el estado se convierte, además de regulador, en comprador, distrituidor y vendedor de bienes y servicios), la Cédula parece más bien un sistema de racionamiento ante la posibilidad de que el acceso y distribución de bienes básicos siga deteriorándose en los canales tradicionales.

La Cédula del Buen Vivir es otro experimento económico y social del gobierno de Chávez que, si algo debemos reconocerle, es su capacidad para dificultar el funcionamiento de los mercados y, con ello, reducir los niveles de vida de los venezolanos. En un par de décadas, Venezuela pasó de ser uno de los países con mayor nivel de vida en la región a uno que ocupa, de manera sistemática, los últimos lugares en casi todos los rankings económicos internacionales.

Por el otro lado, el hecho que si recibió mucho interés mediático fue la elección legislativa.

Los venezolanos acudieron a las urnas y la primera buena noticia es que la participación fue, según los reportes, la mayor en la historia en una elección parlamentaria. Aproximadamente el 64 por ciento de los casi 18 millones de electores. Los resultados son alentadores para la oposición y, sin duda, preocupantes para el gobierno.

Es cierto, como lo mencionó Chávez en su cuenta de twitter, que los candidatos oficiales obtuvieron la mayoría de los escaños, pero la nota del proceso es el desempeño electoral de la oposición. La oposición aseguró 65 asientos de una legislatura con 165 curules. Con este 39 por ciento de la representación, el gobierno perdió la mayoría calificada que le permite promover su agenda política, social y económica sin mayor análisis y discusión en el Poder Legislativo.

Sin duda, esto es una buena noticia para quienes consideramos que los pesos y contrapesos son una parte fundamental y crucial de un sistema político.

¿Implica cambios en el corto plazo?

No es claro. La legislatura que se conforma con la elección del domingo tomará posesión hasta enero del próximo año. El gobierno todavía tiene tres meses para intentar aprobar reformas constitucionales sin el visto bueno de la oposición.

Ahora, con todo y eso, una vez que entre la nueva legislatura, no está claro que pueda detener al gobierno ya que todavía mantendrá una sólida mayoría legislativa.

Por otro lado, desde hace varios, años, el poder legislativo se ha ido debilitando. Anteriormente, Venezuela tenía dos cámaras. En 1999, una reforma constitucional promovida por Chávez eliminó la cámara alta. Como paréntesis, vale la pena anotar que los argumentos que justificaron su eliminación son similares a los que repiten en otros países quienes promueven reducir el tamaño de las cámaras por considerarlas costosas e ineficientes. Pero este es otro tema.

Regresando a Venezuela, la única cámara que quedó se elegía anteriormente por representación proporcional y, a partir del año pasado, se modificó su integración (probablemente Chávez ya estaba previendo perder la popularidad). Ahora, la cámara venezolana se integra con base en una distritación que le da más peso a las zonas rurales. Eso explica la sobrerrepresentación de los candidatos oficiales: con menos de la mitad de los votos, obtuvieron casi las dos terceras partes de la legislatura.

A pesar de los resultados de la elección, que sin duda es un signo alentador, no debemos perder de vista que Chávez todavía controla el sistema político. En Venezuela, el Ejecutivo maneja los recursos del petróleo y, desafortunadamente, ha politizado la burocracia, las fuerzas armadas y el poder judicial. Todas ellas, instituciones que, para cumplir su función, deberían tener cierta independencia del poder ejecutivo.

Para concluir, hace varias semanas, el semanario The Economist publicó un largo reportaje sobre América Latina. Una de las conclusiones del texto es que la región, después de muchos años de dar tumbos, atraviesa por una época sobresaliente. El ritmo de crecimiento, desde hace varios años, supera el 5% y los niveles de inflación son relativamente bajos. Esto explica que millones de latinoamericanos hayan salido de la pobreza extrema y tengan mejores condiciones de vida. La década que inicia, dice The Economist, podría ser la década de América Latina.

Venezuela es una de las excepciones. Mientras la región se mueve hacia regímenes plurales, liberales y prósperos, Venezuela marcha hacia el desastre económico. Esto no son los dichos de la oposición, esto lo sabemos por las evidencias que recogen todos los comparativos internacionales. Hace varios días hablé sobre el reporte de competitividad internacional y el Foro Económico Mundial ubica a Venezuela en el lugar 122 de 139 países.

Bienvenido el desempeño electoral de la oposición el domingo pasado. El tiempo nos dirá si estamos en un punto de inflexión o este es simplemente otro capítulo más de una triste historia que a muchos lastima.

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