21 de octubre de 2008

Retomando la inestabilidad financiera

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos (aquí su blog). Las opiniones son personales y los errores son atribuibles exclusivamente a mi persona.




Retomo el tema de la crisis financiera, que estuvo en pleno apogeo hace aproximadamente dos semanas, pero ahora con la idea de empezar a poner los hechos en perspectiva.

Como nunca me había sucedido, con esta nueva crisis leí una cantidad no menor de analistas, políticos y otros interesados que llegaron a afirmar que estábamos ante el “fin del capitalismo” o “el fin del modelo de mercado”.

En realidad, y solo con el paso del tiempo lo podremos confirmar, pero parece que estamos ante la presencia de excesos discursivos.

Después de la Segunda Guerra Mundial el mundo ha experimentado varios episodios de inestabilidad financiera (1946, 1962, 1966, 1973-4, 1976-8, 1998). Es cierto que algunas han sido más profundas que otras, pero todavía no está claro que lugar ocupe el reciente episodio.

Por lo pronto, hay datos que sugieren que esta no será la más intensa.

No nos vayamos tan lejos.

En 1997 inició una crisis financiera en Tailandia y de ahí, poco a poco, se “contagiaron” (ese era el término que utilizaron los medios) otros mercados asiáticos como Malasia y Corea. Eventualmente, en pocos meses, la epidemia llegó a Wall Street. En pocos días, ya en 1998, este mercado perdió más del 20 por ciento de su valor.

Muchos analistas ya no recuerdan este episodio.

La reciente inestabilidad financiera tuvo su origen, como muchas otras, en una causa común y que Vargas Llosa señaló en un artículo reciente: fue precedida por un período de crecimiento económico motivado, entre otros factores, por una política monetaria en la cual las tasas interés se mantuvieron bajas, generándose entonces fuertes incentivos para la adquisición de grandes activos, como viviendas. Bancos e instituciones financieras concedieron entonces créditos e hipotecas inclusive a una gran cantidad de personas que no estaban en condiciones de asumir la deuda que contraían.

Ahora, no creo que la mayor responsabilidad sea de los bancos e instituciones financieras.

Creo que existe una mayor culpa entre quienes hacen las reglas. En muchos países, era un objetivo explícito de política pública aumentar la construcción de vivienda y el número de propietarios de la misma. En el discurso político se afirmaba que la mejor forma de ahorrar era adquirir un préstamo y así comprar una vivienda.

Ahora, regresando al planteamiento original, ¿estamos ante la desaparición del capitalismo y el sistema de mercado?

No lo creo por dos razones.

La primera porque no parece que exista una alternativa viable. Recuerdo la cita que se le atribuye a Churchill sobre la democracia: el decía que la democracia es el peor de los sistemas políticos, siempre y cuando no se incluyan todos los demás. Tengo la impresión que sucede igual con el sistema de mercado.

La otra razón es porque esta sustentada sobre una visión equivocada de lo que significa e implica el capitalismo. Según ellos, el capitalismo es un modelo en el que no existe regulación o que el Estado no tiene una función económica. Esto es equivocado. Todos los mercados requieren regulación. Lo que falló en los últimos meses y tronó hace dos semanas fue precisamente el marco regulatorio (es decir, las reglas) y no la economía de mercado. Como me dijo un amigo, cuando un coche se maneja muy rápido y de manera irresponsable y luego se choca, esto no tiene porque invalidar la transportación terrestre.

En conclusión, no estamos ante la desaparición del capitalismo pero si ante una oportunidad para reformar y ajustar reglas.

Que este episodio será doloroso. Sin duda. Pasarán varios meses para que los estados de resultados procesen los créditos que hoy son impagables. Pero ojalá aprendamos y no olvidemos que, en el fondo, hay por lo menos dos culpables que se combinaron de manera explosiva: un marco regulatorio imperfecto y una visión política que, en aras de aumentar su popularidad, condujo a la irresponsabilidad.

Hasta aquí mi comentario.



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