28 de octubre de 2008

Miedos bursátiles

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos (aquí su blog). Las opiniones son personales y los errores son atribuibles exclusivamente a mi persona.



Ayer Wall Street experimentó otra reducción en su principal indicador (más del 2 por ciento).

Llama la atención que, a pesar de los esfuerzos gubernamentales, no se ha logrado tranquilizar a los mercados bursátiles. Recordemos que el gobierno norteamericano aprobó un paquete por $700 mil millones de dólares y nacionalizó una parte del sector bancario. Otros gobiernos han reaccionado de manera similar a Estados Unidos, por ejemplo, el Reino Unido; otros le han apostado al gasto gubernamental como medio para “reactivar” la economía.

Entonces la pregunta, ¿por qué continúa le tendencia a la baja en Wall Street?

Lanzo una hipótesis y tiene que ver con la evaluación de las políticas económicas durante los últimos cuatro años del Presidente Bush y lo que ofrecen los candidatos presidenciales y candidatos parlamentarios en los Estados Unidos.

La persona que invierte en una bolsa de valores ve hacia delante. El inversionista evalúa las expectativas, el futuro, de las utilidades que generarán las acciones de una empresa.

Esto no es malo. Una economía que crece y que genera utilidades a las empresas es también una economía que genera más empleos y mejores salarios para los trabajadores.

Si analizamos una gráfica del comportamiento de Wall Street en los últimos veinte años corroboraremos que hemos vivido una época de prosperidad sin precedentes.

Dos décadas de crecimiento guiadas por políticas económicas sensatas y que iniciaron en la época de Ronald Reagan, mantuvo George Bush (padre) y que fortaleció William Clinton.

Este último fue crucial ya que impulsó leyes que fueron muy importantes y que enviaron las señales correctas. Apoyó fuertemente el Tratado de Libre Comercio en América del Norte, a pesar de la resistencia de los sindicatos de su partido. Redujo los impuestos a los contribuyentes. El gasto público disminuyó en términos porcentuales y con respecto al PIB.

Cuando Clinton tomó posesión, la bolsa estaba en menos de 4,000 puntos. Cuando terminó, la bolsa estaba en 10,000 puntos. Un aumento de más del 150 por ciento. Hoy está en niveles considerablemente inferiores (8,500 puntos aproximadamente).

Ahora, no debemos reconocer únicamente a Clinton quien era demócrata, sino también al liderazgo republicano en la Cámara de Representantes principalmente Newt Gingrich.

Fue sano para los Estados Unidos la existencia de un gobierno compartido con políticos que entendían como promover de manera sana el crecimiento económico. También había un banco central que actuaba de manera muy distinta al actual.

Lo que hemos visto en los últimos meses, entre las decisiones económicas del presidente Bush que han sido desastrosas y lo que se ha escuchado de los candidatos, me parece que está preocupando a los inversionistas quienes se ocupan del futuro.

Hace poco más de un año, el déficit fiscal proyectado era de .6 por ciento del PIB, con el paquete financiero que nacionaliza una parte de la banca norteamericana y los proyectos de infraestructura, el déficit este año rebasó el 3 por ciento del PIB y para el próximo año se estima llegará a 4 por ciento.

El mercado escucha a los candidatos, no solo a los presidenciales, sino a quienes serán los jefes de las bancadas en los congresos, y todos tienen el mismo discurso. Obama, McCain, Pelosi y Reid, todos hablan, en mayor o menor medida, de reactivar la economía vía el gasto público.

Los inversionistas saben que cuando un político habla de aumentar el gasto, esto significa que se lo van a quitar a alguien. Los gobiernos no crean riqueza, sino que la distribuyen (vía impuestos, deuda o inflación) tomándola de los sectores productivos de la economía, principalmente las empresas no públicas.

Todo esto, estimado auditorio, podría estar explicando el comportamiento bursátil en los últimos meses. La situación es grave, pero lo que los inversionistas escuchan de los candidatos puede ser peor.



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