18 de marzo de 2010

Sobre el Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos. Las opiniones son personales y los errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió en vivo el martes 16 de marzo a las 7:45 AM.



El día de hoy el tema es el Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (RENAUT). Este es el sistema diseñado por el Congreso mexicano que busca generar un registro, con nombre y dirección, de todos los teléfonos celulares en nuestro país.

Oficialmente, el propósito del sistema es eliminar las extorsiones telefónicas.

Poco a poco, este asunto ha ido ocupando un mayor espacio en los medios de comunicación y no es para menos pues el próximo 10 de abril vence el plazo para que cada uno de los usuarios registre su teléfono mandando un mensaje de texto con su clave CURP.

Una de las primeras preguntas que tenemos que hacernos es si las dependencias públicas tendrán la capacidad para llevar y actualizar un registro tan complejo.

Espero que sí, aunque tengo mis dudas. Los antecedentes no son muy buenos. Hace varios años el gobierno mexicano impulsó la creación del RENAVE (el Registro Nacional de Vehículos) que, si no recuerdo mal, también buscaba reducir la inseguridad, en particular los delitos que se cometían con autos robados. El sistema no funcionó, entre otras razones, porque su tamaño y complejidad. Ya veremos si la burocracia aprendió de aquella experiencia; pero no me cabe la menor duda que una base de datos de teléfonos celulares será más compleja porque es un instrumento más barato, más susceptible a perderse, ser robado o ser cambiado por un modelo más nuevo.

Existen otras señales que no son alentadoras.

La semana pasada un periódico mostró que el sistema no está funcionando. Este diario compró cinco teléfonos en varias ciudades y en ningún caso le fueron solicitados la documentación que, según la legislación, deben pedir las tiendas o agencias que venden los teléfonos. Además, el teléfono se registró con datos falsos y el sistema lo permitió.

La pregunta más importante es si el sistema cumplirá su objetivo y eliminará las extorsiones telefónicas.

Me temo que los registros burocráticos no han sido mecanismos eficaces para reducir la inseguridad. En México, por ejemplo, la ley establece que las armas de fuego deben registrarse en la Secretaría de la Defensa Nacional. A pesar de ello, como ayer señaló Sergio Sarmiento en su columna, ¿ha impedido este registro que los criminales obtengan armas de todo tipo? La respuesta es no. Las ejecuciones son pues una prueba de que los registros burocráticos no han sido una estrategia adecuada contra el crimen.

Por otro lado, veo varios efectos no anticipados de este sistema.

En primer lugar, es muy probable que el sistema aumente el robo de celulares. Si un extorsionador necesita un celular para extorsionar, no utilizará el suyo. Lo más lógico es suponer que tendrá que hacerse de otro celular y no es improbable que decida robarlo. Es más, podríamos señalar que el diseño del RENAUT genera incentivos perversos, en particular, podría fomentar el robo de celulares porque los extorsionadores saben que el teléfono está registrado con el nombre y los datos de otra persona. En este escenario, las autoridades se irán contra la personas que registraron el celular (y no contra los extorsionadores).

El sistema no será un instrumento efectivo para ubicar a los extorsionadores, pero si traerá complicaciones a las personas que perdieron su teléfono o que se los robaron.

¿Existen algún motivo no señalado públicamente (porque generaría un escándalo decirlo) para impulsar la creación de este registro?

Es una pregunta que siempre me hago sobre todo después de haber leído un excelente libro titulado Smoking and Politics. El libro relata el nacimiento de la leyenda que traen todas las cajetillas de cigarros que indican que fumar es nocivo para la salud y causa de muerte. El objetivo público era que las personas fumaran menos y tomaran conciencia de las implicaciones de este hábito; pero, debajo del agua, los principales promotores fueron las empresas de tabaco. ¿Por qué? Porque esta leyenda era la mejor manera de evitar problemas legales (posibles demandas) por el perjuicio que el cigarro causa a los fumadores. La leyenda fue la mejor manera de proteger el negocio.

A partir de la lectura de ese libro, siempre me pregunto si existen beneficios para las autoridades o las empresas reguladas que no podrían ser mencionados. En este caso, me temo que si las puede haber.

El día de mañana, cuando funcione este registro, si hay una extorsión con un teléfono celular, las autoridades se irán contra las personas inocentes (que perdieron o les robaron su celular) y más si éstas no levantaron un reporte o un acta. Me temo que eso sucederá con frecuencia. El celular es muy barato y no tendrá mucho sentido para muchas personas levantar un acta (porque implicará un alto costo de oportunidad). Si alguien extorsiona con un teléfono robado, la autoridad entonces tendrá a un chivo expiatorio (y de paso difícilmente encontrará a los extorsionadores).

Para concluir, una última reflexión.

La disposición no es nueva. El Congreso creó este sistema el año pasado, después de varias semanas de discusión. Pero, la mayor parte de la población apenas se enteró de esta determinación. Esto es un reflejo de nuestra cultura política: no le damos un seguimiento a las discusiones legislativas. Pero la responsabilidad no es únicamente de los ciudadanos. La clase política durante mucho tiempo se ha ido desprestigiando y un gran número de personas no tiene interés en saber de ellos y sus discusiones. Bueno, hoy también estamos pagando las consecuencias del desinterés y el desprestigio. El momento más oportuno para analizar los posibles efectos de esa ley era antes y no estos días cuando ya es vigente.

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