12 de abril de 2011

Cambiaron los términos del debate: del estímulo a la prudencia

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos. Las opiniones y errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió en vivo el martes 12 de abril a las 7:40 AM.



El fin de semana, los republicanos y los demócratas en los Estados Unidos acordaron los términos del presupuesto para lo que queda del 2011 y evitaron la suspensión de actividades del gobierno federal. El acuerdo se alcanzó al filo de la medianoche del viernes, una hora antes de que venciera el plazo.

¿Qué los llevó a esta extrema situación?

El año pasado, a pesar de tener mayoría en ambas cámaras y el poder ejecutivo, los demócratas no aprobaron un presupuesto y el funcionamiento del gobierno se basó en una serie de resoluciones o votaciones en el Congreso que autorizaban al gobierno seguir trabajando. Vinieron las elecciones de noviembre, ganaron los republicanos y con el control de la Cámara de Representantes condicionaron el funcionamiento del gobierno si se reducía el gasto público.

Como parte del acuerdo, el Congreso acordó el mayor recorte en la historia de los Estados Unidos: 38 mil millones de dólares. La suma es enorme aunque, hay que decirlo, es menos del 1 por ciento del presupuesto del gobierno federal. Se recortarán programas en todos los departamentos o secretarías.

Los dos partidos asumieron la decisión y el acuerdo como una victoria política. Obama y su equipo resaltaron sus capacidades negociadoras: su intervención fue necesaria porque los líderes en el congreso no llegaban a acuerdos. Los republicanos, por su parte, argumentan que su victoria es sustantiva porque hace un mes, cuando propusieron reducir 32 mil millones de dólares los demócratas calificaron los recortes como radicales y dramáticos. Hoy, que ambos acuerdan reducir 38 mil millones del gasto, hablan de que la medida es ‘histórica’ y un acto de responsabilidad. Lo que vimos el fin de semana es apenas el primer acto y el preludio a dos discusiones similares pero de mayor impacto.

Esta discusión fue en miles de millones de dólares (billions); las próximas son de millones de millones de dólares (trillions).

La primera es sobre el techo del endeudamiento del gobierno norteamericano.

Este debate iniciará en mayo cuando el Congreso estudie la autorización del aumento del tope de endeudamiento federal ubicado hoy en 14 millones de millones de dólares pues la deuda que puede contratar el gobierno está casi en su límite. Si el techo no se eleva, la deuda del gobierno no se podría pagar, caería en default y las consecuencias serían catastróficas para la economía mundial.

Esto no va a suceder. Sin duda sería una enorme irresponsabilidad y ya vimos que los partidos se pueden poner de acuerdo. Lo que si sucederá es que los republicanos lograrán incluir en el acuerdo todavía mayores topes y controles al gasto.

La segunda discusión es en relación al presupuesto para el 2012.

La semana pasada, el presidente de la Comisión de Presupuesto, Paul Ryan, presentó su propuesta. No entro en detalles por cuestiones de tiempo, pero el consenso es que, con todo y sus problemas, es la primera propuesta que un funcionario con poder real pone sobre la mesa para reducir el enorme déficit fiscal en los Estados Unidos. El presupuesto incluye recortes al gasto proyectado por 6 millones de millones de dólares (6 trillion), cambios a dos programas sociales emblemáticos (Medicare y Medicaid), reducciones en las tasas de impuestos y la ampliación de la base gravable eliminando exenciones y privilegios fiscales.

Esta semana se presentará al presupuesto 2012 al pleno y es probable que inicie pronto la discusión del mismo. Como cualquier documento de esta envergadura, no es perfecto y tiene aspectos que serán cuestionados por opositores. Creo que es fácil anticipar que los demócratas cuestionarán la reducción de impuestos, en particular la de los sectores que generan más ingreso.

Sin duda, seguiremos de cerca ambas discusiones porque tienen implicaciones profundas para la economía norteamericana y, dicho sea de paso, la economía de nuestro país pues ambas están estrechamente vinculadas.

Para concluir, me parece importante hacer explícito, porque lo encuentro sorprendente, que los términos del debate económico dio un giro de 180 grados en tan solo unas semanas. El cambio es radical. Con el acuerdo del fin de semana, el presidente y los demócratas aceptan que, cuando hay mucho desempleo y la recuperación económica es incipiente, el camino que se debe tomar es el recorte del excesivo gasto gubernamental.

Hace dos o tres años, en plena crisis financiera, la clase política norteamericana, incluyendo muchos republicanos, en sintonía con las tesis keynesianas, decían que la mejor manera de reactivar la economía era mediante el gasto público. Hubo programas de estímulo que aprobaron ambos partidos, entre ellos el salvamento de varias empresas privadas.

Hoy, ese discurso, no parece tener defensores. Los resultados no fueron los anticipados y los contribuyentes se quedaron con enormes deudas y, por ello, ambos partidos, desechan la tesis que el gasto es la mejor manera de reactivar la economía y aceptan que la mejor ruta es la sobriedad, la prudencia y la disciplina fiscal.

...