29 de marzo de 2011

La destrucción no genera crecimiento económico

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos. Las opiniones y errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió en vivo el martes 29 de marzo a las 7:40 AM.


Existen algunas ideas económicas que, a pesar de haber sido ya desacreditadas, todavía persisten y periódicamente, dependiendo de la coyuntura, resurgen y ocupan espacios importantes en los medios de comunicación. Estas ideas son como los zombies, estos personajes míticos que ya murieron pero siguen caminando.

Recientemente, a partir del terremoto y el tsunami en Japón, ha resurgido, entre algunos analistas, la noción de que la destrucción tiene un lado positivo que es la eventual generación de crecimiento económico. Esto es un error porque, como veremos, es una lectura parcial de los procesos económicos.

Japón es una de las economías más desarrolladas del mundo pero su desempeño en los últimos años no ha sido estelar. Se estima que el costo de la destrucción podría alcanzar los 250 mil millones de dólares, convirtiéndolo en el desastre natural más costoso de toda la historia. Para estos analistas, la devastación ocasionada por el terremoto y el tsunami puede reactivar la economía japonesa.

Ahora, ¿por qué dicen estos analistas que la destrucción genera efectos positivos? Por la eventual reconstrucción.

Según esto, el gobierno de Japón está pues en condiciones de aprovechar la tragedia si lanza un programa de gasto público en infraestructura. Este gasto, se dice, tendrá un efecto multiplicador provocando un fuerte repunte del crecimiento económico. La idea es atractiva y la escuchamos en otros desastres naturales. Por ejemplo, con Katrina, se dijo que la destrucción reactivaría la economía de Estados Unidos. Esto, claro, no sucedió porque la idea, reitero, es parcial y equivocada.

Hace aproximadamente 200 años, un economista francés, Frederic Bastiat nos explicó, en un texto titulado Lo que se ve y lo que no se ve, entre otras cosas, porque la destrucción no genera crecimiento económico.

Antes de ello, en el mismo texto, Bastiat nos señaló la diferencia entre el mal y el buen economista: el malo, cuando analiza un fenómeno, se limita al efecto visible (-lo que se ve-); por el otro lado, el buen economista toma en consideración, además de los efectos visibles, los efectos no visibles. Los efectos no visibles también deben tomarse en cuenta para tener una perspectiva más amplia y, así, tomar una mejor decisión.

El problema de quienes dicen que la destrucción genera crecimiento es que su análisis se limita a los efectos visibles. Me explico con el ejemplo que Bastiat nos ofreció hace casi dos siglos.

Imaginemos un panadero que, por alguna razón, le rompen un cristal a su panadería. ¿Qué sucederá? El panadero tendrá que ponerle un nuevo cristal a su tienda. Aquí, es cierto, se genera actividad económica y entonces, dirían los analistas, se están generando empleos en la fábrica de vidrio. Esto es bueno y tienen razón. Usando la terminología de Bastiat, esto es lo que se ve.

Pero falta otra parte: lo que no se ve. Y, en este caso, lo que no vemos es que el panadero, por cambiar el cristal, no consumirá otro producto porque el dinero ya se lo gastó. Si estaba considerando, por ejemplo, cambiar sus zapatos, poner un nuevo horno o lo que sea, pues tendrá que diferir su compra y hacerlo posteriormente.

¿Cuáles son, entonces, los efectos de la destrucción, en este caso, de un cristal? Por un lado, acepto, la reconstrucción generará actividad económica y empleo en la fábrica de vidrio; pero, también debemos reconocer, que hay efectos que no se ven y que los recursos que iban a gastarse para comprar zapatos ya no generarán empleos en el sector del calzado. En este caso hipotético, no hay dos actores (el panadero y el fabricante de cristales); son tres: el panadero, el cristalero (que gana) y el zapatero (que pierde una venta).

Es claro, pues, que en el agregado, no hay beneficio neto para la economía. Regresando a lo que sucedió en Japón, es cierto que habrá reconstrucción y que esta beneficiará a algunos sectores. Veremos a la gente trabajar haciendo carreteras y construyendo casas. Ese es el efecto visible. Pero, también debemos recordar que habrá sectores que pierden porque el dinero que se destinará a la reconstrucción ya no será utilizado para comprarles a ellos sus respectivos productos.

Para concluir, en el agregado, para la economía en su conjunto, la destrucción no trae beneficios económicos. Algunos sectores ganarán; pero los dueños y trabajadores, en muchos otros, perderán. Por ello, la próxima ocasión que escuchemos a alguien sugerir que la destrucción trae efectos positivos, nosotros no pensemos únicamente en las constructoras; recordemos también a los negocios que ya no percibirán recursos porque el dinero tuvo que destinarse a la reconstrucción.

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1 comentario:

Pablo dijo...

Estimado Dr,

Aunque en definitiva concuerdo con el comentario general de su post, y uno siempre debe considerar el costo de oportunidad del dinero utilizado en la reconstrucción, así como los activos destruidos (Que extrañamente nunca se cuentan en la contabilidad de los países vs las empresas), creo que la pregunta es un poco más compleja en el modelo que ud ofrece.

Si uno explica la situación actual de Japón como una "liquidity trap" donde la política monetaria a dejado de ser efectiva, ya que a pesar de inyectar más dinero en la economía, las tasas de interés no pueden bajar más, y las practicas de "quantitative easing" no han restablecido el crédito, la destrucción, se podría ver como el evento en el que se resuelve el clásico problema de coordinación que sugiere Keynes. Dando a los actores de la economía una razón para invertir en la misma.

Supongamos que en el caso de la ventana rota, si nos forzáramos a asumir que el panadero nunca hubiera gastado ese dinero ya que la incertidumbre actual y la expectativa de tasas de interés altas en el futuro le parecían razones suficientes para ahorrar, entonces vemos la razón por la cual la ventana podría "reactivar" la economía. (El asunto es no enfocarse en el efecto multiplicador de la teoría de Keynes, sino en el problema de coordinación en que esta misma también se basa).

Dadas las décadas es estancamiento en Japón, tal vez el argumento no sea totalmente ridículo!


Excelente blog, como siempre....