16 de junio de 2009

Sigue el debate: anular o no anular

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos. Aquí su blog. Las opiniones son personales y los errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió el martes 16 de junio a las 7:45 AM.


La semana pasada hablamos sobre el debate en torno a la campaña en favor de la anulación del voto en las próximas elecciones del mes de julio. Para recapitular, comenté lo siguiente:


  • Que es el debate político más interesante de la campaña. La manera en que este asunto domina el análisis y los comentarios en los medios de comunicación y las conversaciones en reuniones sociales lo confirma.

  • Que el desencanto con los partidos explica el éxito de la campaña y que este sentimiento se nutre, principalmente, por tres circunstancias: una crisis de representatividad, una crisis de ideas y el costo de las elecciones (sobre todo a la luz de la mayor crisis económica de las últimas décadas).

  • Que los partidos, en la próxima legislatura, deberían retomar dos propuestas que pudieran fortalecer la representatividad de nuestros legisladores: 1) facilitar la inscripción de candidaturas ciudadanas; y 2) considerar a los votos nulos como votos válidos para efectos del financiamiento de los partidos.


El día de hoy me permito comentar sobre la reacción de los partidos políticos. El fin de semana, el semanario dominical de un prestigiado diario de circulación nacional (Enfoque, del periódico Reforma) convocó a los dirigentes de los ocho partidos que compiten en estos comicios para que publicaran su opinión en relación al voto nulo y particularmente si lo consideran o no una forma legítima de participación política.

Antes de que leyera las opiniones, confieso que no esperaba que los partidos le dieran validez al movimiento. Los partidos buscan aumentar sus votos y, por ello, parecería irracional promover otras opciones. Las respuestas publicadas por el periódico confirman la sospecha.

En términos generales, los dirigentes presentan dos tipos de argumentos:


  • Que el voto nulo es igual a la abstención porque no es un voto válido. Si bien es cierto esto en términos de la manera en que se contabilizan los votos, en términos políticos, esta aseveración es, en mi opinión, ingenua. La abstención se explica, en términos generales, por el desinterés del proceso o por la creciente movilidad de las personas. El voto nulo, por su parte, implica ir a la casilla, tomar la boleta, cruzarla y participar. Es el mismo acto cívico que realizamos quienes votamos por los partidos. Por ello, un voto nulo en este contexto tiene el mismo valor que el voto por un partido.

  • Que el voto nulo es el principio del fin del sistema democrático y una regresión al pasado ya que permitiría a los llamados poderes fácticos tomar el control de la representación política. Sobre esto último, uno debe preguntarse si, en realidad, esto no ocurre en nuestros tiempos (pero ese es otro debate). Pero, regresando al tema, ¿representa la anulación del voto el principio del fin del sistema democrático? Me parece desproporcionada el señalamiento. Inclusive, alguno de los presidentes de los partidos más pequeños consideran que el voto nulo es el principio del autoritarismo en México. Esta opinión es muy particular y me parece que se explica más bien por el hecho de que la campaña para anular el voto rebasará, en términos de votos, a cuatro de los ocho partidos concursantes en la elección y de mantenerse la tendencia, podría rebasar a cinco.


El voto nulo, según las encuestas, tiene aproximadamente 10 por ciento del electorado y es la única opción que lleva una tendencia ascendente.

Por otro lado, y más importante, me pregunto si la reacción de los partidos (y sus argumentos) son los que realmente más les convienen. Si yo fuera asesor de alguno de ellos, creo que les recomendaría que reconocieran la relevancia del movimiento y la demanda social y, en consecuencia, la validez política de la campaña en favor de la anulación del voto.

Esto implicaría hacer suyas las inquietudes ciudadanas antes del 5 de julio y comprometerse a impulsar y aprobar en los primeros 100 días de la próxima legislatura (es decir, a más tardar el 10 de diciembre) un paquete de leyes y reformas constitucionales acordadas previamente.

¿Cómo asegurar el compromiso? Si los diputados y senadores propietarios no las aprueban, entonces que pidan licencia y que su lugar lo ocupe el suplente. Esta es la única opción que hoy en día nos ofrece el marco constitucional.

Este camino, me parece, podría convencer a muchos de los que están considerando -de manera legítima- anular su voto, de apoyar al partido que se comprometa a canalizar sus demandas.

Como mencioné hace rato, de todas las opciones electorales, la única que está subiendo en las preferencias es la anulación del voto. Esta campaña ha sido exitosa y le ha quitado votos a todos los partidos (a unos más que otros). Si los partidos están viendo una disminución en sus preferencias, es en parte porque la actual estrategia de descalificación del movimiento no les ayuda. Por el contrario, le da al electorado que está considerando anular su voto, más elementos para hacerlo en virtud de no sentirse plenamente representados por los actuales candidatos.

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