27 de agosto de 2009

Educación

Aquí las notas de mi más reciente comentario de radio en IMER. Las opiniones son personales y los errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió ayer martes 25 de agosto a las 7:45 AM.



Es prácticamente obligado referirnos el día de hoy al modelo educativo en nuestro país, sobre todo a la luz de la información que se ha publicado en los últimos días.

El fin de semana conocimos los resultados del Examen Nacional de Conocimiento y Habilidades y los resultados no fueron muy buenos. Los resultados del examen señalan que el 74.9 por ciento de los 123,856 aspirantes a una plaza de profesor en los niveles de preescolar, primaria o secundaria, no tiene los conocimientos adecuados para dar clase. De los más de 90 mil que no aprobaron el examen, aproximadamente una tercera parte son profesores hoy en día.

En relación al año pasado, el índice de reprobación aumentó más de 7 puntos porcentuales pues, en ese entonces, se ubicó en 67.2 por ciento del total.

Ayer por la tarde, distintas autoridades gubernamentales intentaron reposicionar el mensaje y tranquilizar a la ciudadanía señalando que en realidad únicamente 5 mil y fracción de los aspirantes reprobaron y que la gran mayoría de quienes presentaron el examen lo que necesitan son simplemente algunos cursos de actualización.

Independientemente del manejo mediático, el examen evidenció el bajo nivel académico que poseen muchos de los profesores que hoy en día imparten clases a los más 26 millones de alumnos del sistema educativo mexicano.

Un análisis del tema educativo en México debe partir del reconocimiento que los mexicanos hemos hecho un esfuerzo muy importante por ampliar el acceso a la enseñanza y que la escuela pública ha llegado prácticamente a todos los rincones del país. También esto es relativo porque muchas instalaciones carecen de algunos elementos básicos, como pueden ser un piso adecuado o un techo o sillas, y aprender o intentar aprender en ese tipo de ambiente, con esas condiciones, debe ser sumamente difícil.

Si uno observa con detalle los resultados del Examen Nacional observará que existen diferencias regionales importantes. Este hecho confirma lo que ya muchos han observado: la calidad de la enseñanza en nuestro país en los niveles primario y secundario varía en proporciones enormes. Es excepcional en algunos puntos en los principales centros urbanos; es buena en muchas ciudades y en algunas zonas rurales; y puede ser muy mala en otras partes de las ciudades y el campo.

La educación pública sufre una enfermedad parecida similar a la que padecen otros servicios públicos, no solo en México sino en otras partes del mundo. Este padecimiento se refleja en la excesiva centralización y burocratización de la actividad educativa y se confirma con el constante aumento de los recursos públicos gastados y una disminución de los resultados o la producción con calidad. En México la educación pública absorbe una cantidad cuantiosa de recursos fiscales y no genera los resultados prometidos y que todos esperamos.

Adicionalmente, en México los padres de familia tienen poco control sobre las autoridades educativas y la gran mayoría de ellos no tienen opciones y no pueden decidir donde educar a sus hijos.

Evidentemente el problema en México no es uno de recursos, así lo diga –con todo respeto- las autoridades del sindicato. Si nos comparamos con países con características similares encontraremos que destinamos una cantidad muy por encima del promedio. El gasto público por alumno aumenta año tras año. El problema del gasto educativo es su ineficiencia. En México, la asignación de recursos se establece con criterios políticos y las burocracias y los sindicatos ejercen una influencia determinante. Los padres de familia, por su parte y desafortunadamente, no pintan en este proceso.

En mi opinión, una de las maneras en que podríamos cambiar esto es si modificamos el esquema de financiamiento del sistema educativo. Hoy en día, el Estado ha decidido entregar los subsidios educativos a las instituciones y sindicatos para que ellos lo destinen en los rubros que consideren; lo que se propone es cambiar el esquema y dirigir una cantidad importante (no todo) de los subsidios educativos a los padres de familia o tutores para que ellos escojan la escuela que, en su opinión, más conviene a sus hijos.

Este enfoque, que se practica en muchos países, lo que busca es generar competencia entre las escuelas, tanto públicas y privadas. Una mayor competencia en la educación podría generar resultados similares a los que hemos visto en otras áreas de la economía que le han dado la bienvenida a la competencia: menores costo promedio, mayor oferta y variedad educativa, una mayor calidad, y una mayor satisfacción del usuario.

La importancia de la educación es indiscutible. En teoría, las competencias que adquieren los alumnos en las escuelas les permitirán prosperar en el futuro. Desafortunadamente en México esto está fallando y, en lugar de reducir las brechas, el sistema educativo tiende a reforzar la desigualdad entre las personas. Esto no lo podremos modificar si mantenemos el esquema y modelo de educación pública actual que tiene más de 70 años con nosotros.

El sistema educativo vigente es uno de los grandes logros del Estado mexicano, pero también es uno de sus grandes fracasos. Para mejora el camino lo que requerimos es menos burocracia, menos influencia política del sindicato magisterial, una asignación inteligente de recursos fiscales y una mayor competencia en todos los niveles educativos.

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