13 de octubre de 2009

Ostrom y Williamson

Aquí las notas de mi más reciente comentario de radio en IMER. Las opiniones son personales y los errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió ayer martes 13 de octubre a las 7:45 AM.



El día de hoy hay varios temas que podría abordar. Evidentemente la acertada decisión del Ejecutivo de terminar la operación de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, sin duda una de las paraestatales más ineficientes en la historia de la economía pública del país. Pero el tema dará mucho que hablar en las próximas semanas y por eso lo dejaré para futura ocasión.

Hoy hablaré del Premio Nobel de Economía.

Como fue reportado el día de ayer, la Real Academia otorgó el mayor reconocimiento de la especialidad a dos académicos norteamericanos que, a lo largo de sus prolíficas carreras, han estudiado distintas formas en que los agentes económicos se coordinan y organizan para facilitar la cooperación social.

Una de las personas que comparte el Nobel es la politóloga Elinor Ostrom.

La Dra. Ostrom es profesora de Indiana University y es la primera mujer que recibe el Nobel de Economía -esto es lo que han destacado casi todos los medios-. Sus investigaciones tiene un gran impacto en términos de política pública y sobre ello hablaré más adelante.

También comparte el Premio Nobel de Economía el Dr. Oliver Williamson.

Williamson es profesor de la Universidad de California en Berkeley y la Academia le reconoce, entre otros aspectos, su aportación al estudio de las empresas, en particular las razones por las cuales las empresas prefieren realizar algunas actividades dentro de sus 'operaciones' y no subcontratarlas en el mercado.

Me explico. Es común escuchar la expresión 'zapatero a tu zapato' para señalar que las empresas deberían enfocarse en su función central y adquirir otros servicios por fuera. Muchas veces esto no sucede, sobre todo con las empresas muy grandes. Es normal que estas organizaciones económicas tengan en el marco de sus operaciones varias actividades que no son parte de su core business. Parte de lo que hizo Williamson es explicar porque las empresas no subcontratan estas funciones. La respuesta es, en parte, que sus operaciones son tan complejas que sería sumamente difícil redactar contratos (con las empresas subcontratadas) que cubran todas las eventualidades que pudieran ocurrir.

El trabajo de Williamson nos sirve para explicar fenómenos como la integración vertical, que sucede cuando grupos empresariales amplian sus actividades a lo largo de la cadena no solo de producción, sino de distribución, venta, promoción, entre otras. Estas empresas son grandes porque así se hacen más eficientes.

El trabajo de Williamson es más amplio pero me limito a esto por cuestiones de tiempo.

Ahora, mencionemos el trabajo de Elinor Ostrom, la primera mujer que recibe el Nobel de Economía. Ella ha estudiado la manera en que distintas comunidades resuelven el problema conocido como la tragedia de los comunes.

Explico lo que es la tragedia de los comunes.

El ejemplo típico –hipotético- es un lago que tiene a su alrededor distintos poblados todos ellos con pescadores. El lago tiene una cantidad finita de peces y los pescadores a diario van a pescar y lo que pescan lo venden en sus mercados. En este caso, los pescadores tienen incentivo a aumentar el volumen de su pesca porque si aumenta su pesca, también sus ventas. Ahora, si todos los pescadores hacen esto, entonces se acabarán los peces del lago. Esta es la tragedia de los comunes.

Entonces, ¿cómo resolver el problema de la tragedia de los comunes? Los economistas por lo regular tienen dos respuestas: 1) que se entregue a un particular; 2) que sea gubernamental.

Ostrom, que no es economista, sino politóloga, en su larga experiencia y en sus recorridos por todo el mundo (desde los departamentos de policía en Estados Unidos hasta los sistemas de irrigación en países lejanos como Nepal) observó que había soluciones intermedias: que la tragedia de los comunes se resolvía también con la formación de comunidades privadas y voluntarias que establecían y acordaban reglas de aplicación general y que estas reglas eran ejecutadas por las propias comunidades.

Regresando al ejemplo, el trabajo de Ostrom nos sirve para explicar porque los pescadores se unen de manera voluntaria y establecen reglas que limitan lo que pueden pescar. Ellos mismos se vigilan y, de esa manera se mantiene el stock de peces en el lago que les garantiza a los pescadores mantener su actividad productiva. En consecuencia, como podrá reconocer el auditorio, el trabajo de Elinor Ostrom es fundamental para el analizar y entender la cooperación voluntaria para cumplir fines que benefician a una colectividad. Un fenómeno muy común en nuestra realidad.

Para concluir, y de manera más amplia, ¿qué podemos interpretar del Premio que otorgó la Real Academia Sueca este año?

En mi opinión, es un reconocimiento al trabajo que se hacen en otras ciencias sociales. Elinor Ostrom no es economista, ella estudió su licenciatura, su maestría y su doctorado en ciencia política. Hace algunos años, cuando yo tuve oportunidad de estudiar mi doctorado en la Universidad de George Mason, en una conversación que varios alumnos sostuvimos con James Buchanan, Premio Nobel de Economía 1986, el nos comentó que, en su opinión, la Real Academia necesitaba ampliar su visión e incluir otras disciplinas para el Premio Nobel de Economía porque lo que hacían hoy en día la mayoría de economistas era sumamente repetitivo y no muy original. El creía que, a la larga, el Premio Nobel de Economía tendría que ser un Premio Nobel de las Ciencias Sociales y que incluyera otras disciplinas, precisamente como la ciencia política. En otra ocasión podemos platicarlo pero uno de los problemas que tienen la mayoría de las escuelas de economía en el mundo es que tienen un enfoque exageradamente matemático.

El premio a estos dos académicos, pero en particular el de Ostrom, me parece que es muy interesante si se ve desde esa perspectiva. Es, además, un reconocimiento a las aplicación práctica y no a la teoría abstracta. Enhorabuena.

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