20 de septiembre de 2011

La pobreza en los Estados Unidos

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos. Las opiniones y errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió en vivo el martes 20 de septiembre a las 7:40 AM.



La semana pasada, la oficina del Censo de los Estados Unidos presentó un reporte del ingreso de las familias y los índices de pobreza en ese país. La información es preocupante. Según la dependencia, tan solo en un año, la pobreza aumentó más de dos millones y medio de personas. En total, se estima que más de cuarenta y seis millones tienen esta condición económica, la mayor cantidad en la historia norteamericana. En términos porcentuales, representa el 15 por ciento de la población.

Para algunos grupos poblacionales en específico, la situación es muy preocupante.

Por ejemplo, la población afroamericana reporta índices de pobreza altos y crecientes: mientras que en 2009, el 25 por ciento de este grupo se ubicó por debajo de la línea de la pobreza; para el año pasado pasó al 27 por ciento. Entre los hispanos, la situación no es muy distinta. De 2009 a 2011, el nivel de pobreza pasó del 25 al 26 por ciento de la población.

En los últimos cinco años hemos visto una disminución en el ingreso de las familias. Antes de la crisis económica, la mediana del ingreso rebasaba los $52,000 dólares anuales. En estos días, la mediana se ubica en $49,400 dólares. Una disminución equivalente al 5 por ciento.

Si vemos los datos por edades, todos los grupos presentan una reducción del ingreso. No obstante, los más golpeados son las personas entre 15 y 24 años de edad. Tan solo en los últimos 24 meses, su ingreso disminuyó 9.3 por ciento.

Estos son unos cuantos datos del reporte que es público y que nos permite observar el nivel de estrés económico de las familias norteamericanas, en particular la clase media.

¿Cuál es el factor más relevante que explica el aumento de la pobreza en estos meses? Para mí, no hay duda, el principal responsable es el desempleo.

El reporte de la oficina del censo ya se politizó y ambos partidos lo han utilizado para defender sus posiciones y criticar a su oposición. Seguramente, a lo largo de los próximos quince meses, hasta las elecciones presidenciales, esta dinámica continuará y el documento será ampliamente citado.

Si revisamos los índices de pobreza en los Estados Unidos desde una perspectiva histórica encontraremos algo muy interesante.

Después de la segunda guerra mundial y hasta finales de la década de los sesenta, el nivel de pobreza disminuyó constantemente. Pasó de 35 por ciento de la población en 1950 a 11 por ciento para 1969. Sin duda, un impresionante logro. Pero, después de ese año y hasta nuestros días, observamos que la población en condiciones de pobreza se ha mantenido y ha fluctuado entre el 12 y 15 por ciento de la población.

¿Qué pasó? ¿Por qué si los Estados Unidos venían incorporando a millones de personas a la clase media, ya no lo han logrado?

La respuesta es controvertida: podríamos estar ante un efecto no anticipado y una consecuencia no deseada del marco de políticas públicas, y en particular de los programas sociales.
En 1969, el presidente Lyndon Johnson inició su llamado “guerra contra la pobreza” y desde entonces, todos los gobiernos han mantenido, con otros nombres, los programas sociales. En términos presupuestales, los programas han crecido enormemente pero, y esto es lo paradójico, los índices de pobreza se han mantenido.

¿Qué podría estar pasando? Una hipótesis es que progreso económico de algunos se ha estancado porque los programas han entrampado a miles de personas en un círculo de dependencia del cual es muy difícil escapar. Estas son malas noticias para las personas que dependen de estos apoyos. Pero también es una pésima noticia para el contribuyente.

El gobierno federal norteamericano ha gastado millones de millones de dólares durante este tiempo y es difícil contradecir a quienes argumentan que esto no ha mejorado las condiciones de vida. Además, el presupuesto público ha generado ya clientelas y grupos influyentes que dependen de estos recursos y que complican, dejen ustedes desaparecerlos, tan solo modificarlos.

Para concluir, esta breve reflexión sobre la pobreza en Estados Unidos también recuerda que la mejor manera de elevar los niveles de vida es generando crecimiento económico. La política social es limitada y, todo indica, que no es el mecanismo idóneo para ayudar a los que menos ingresos generan. La mejor política social es una política económica que fomente la actividad económica en el sector privado porque ahí se generan los empleos. En otros países, incluido el nuestro, algo similar podría estar sucediendo y valdría la pena hacer un análisis similar.

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