3 de marzo de 2009

La reacción de los mercados y la responsabilidad de la administración norteamericana

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos (aquí su blog). Las opiniones son personales y los errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió el martes 3 de marzo a las 7:45 AM.


Ayer la bolsa de valores en los Estados Unidos experimentó otra caída en su principal indicador. El Índice Dow Jones terminó la sesión por debajo de los 6,800 puntos, su nivel más bajo desde abril de 1997.

En los últimos cuatro meses, a partir del momento que Barack Obama ganó la votación presidencial, la bolsa de valores ha perdido aproximadamente el 30 por ciento de su valor. Me llama la atención ver como el anuncio de programas públicos de 'rescate' coinciden con caídas en el principal indicador bursátil.

Por ello, vale la pena preguntarnos si las propuestas de política pública son parte del problema y, en ese caso, como están contribuyendo al ambiente de incertidumbre.

Es cierto que la crisis se gestó hace algunos años.

Recapitulo los principales hechos.

A partir del año 2000, los bancos centrales instituyeron una política monetaria laxa con tasas de interés artificialmente bajas. El mercado se inundó con dinero y, por varias razones, esto derivó en una burbuja en el sector de la vivienda. Una de estas razones es fue la política pública.

Algunos dicen que la crisis es por falta de regulación. Esto no es correcto, en mi opinión. Muchos gobiernos, entre ellos el norteamericano, tenían como un objetivo expreso el acceso a la vivienda, incluyendo a personas que no tenían suficientes ingresos. Se hicieron inversiones, se idearon nuevos y complejos instrumentos para financiar este propósito. La propuesta resultó insostenible, vino la crisis y ahora las instituciones financieras, que prestaron esos recursos no están seguros que créditos son impagables (o tóxicos). En consecuencia, la llave del crédito se cerró.

De hecho, lo que el mercado está haciendo es corregir estos excesos.

Regresando a la pregunta, los programas propuestos por la actual administración norteamericana, ¿están o no profundizando la crisis? En mi opinión, en parte si y someto a su consideración las siguientes razones.

En términos generales, y para no hablar de cada uno de los programas en particular, me parece que el principal problema, a nivel filosófico, de las medidas propuestas por el gobierno norteamericano, es su mayor énfasis en medidas redistributivas y no en medidas que busquen generar riqueza y crecimiento.

Otro problema que encuentro con los programas que está proponiendo el Presidente y el Congreso es la contradicción de señales. En los momentos en que es necesario generar tranquilidad, las autoridades presentan mensajes distintos y esto genera incertidumbre.

Por ejemplo, en el Congreso se dice que los bancos deben prestar más dinero. Eso implica abrir líneas de crédito, hacerlo más accesible y, uno supone, legislar una reducción en el precio del crédito. Por el otro lado, el mismo Congreso, varios legisladores amenazan con darle autoridad a los jueces para que modifiquen los contratos hipotecarios vigentes. Esta medida evidentemente encarece el crédito porque le inyecta más riesgo al préstamo.

Como podrán ver, aquí tenemos mensajes contradictorios: por un lado se dice que se debe bajar el costo del crédito, por el otro se proponen medidas que encarecerán los mismos.

El último punto que pongo sobre la mesa tiene que ver con la relación de Obama y el Congreso. Como sabemos, Obama y la mayoría en ambas cámaras son del mismo partido. Esto para algunos podría ser bueno, pero probablemente no es el escenario ideal en este momento.

En el Congreso hay legisladores que proponen una agenda entre insensata e imprudente desde el punto de vista económico. Como ejemplo, la medida proteccionista Buy American que hace varias semanas señalamos y que fue motivo de gran controversia. Obama la rechazó públicamente pero la medida permaneció en el paquete económico que firmó hace algunas semanas.

Obama tiene que controlar a los legisladores y si es necesario amenazar con vetar aquellas políticas que no son sensatas. La idea de la separación de poderes es de ‘atemperar las pasiones legislativas’ o, en otras palabras, obstaculizar para evitar que las malas propuestas o leyes sean aprobadas rápidamente.

Y esto, todavía no lo vemos. Es cierto que la administración tiene poco tiempo y debemos dar el beneficio de la duda. Pero Obama no debería permitir que el Congreso se vaya por la libre y siga generando incertidumbre.

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