31 de marzo de 2009

El ultimatum a General Motors y Chrysler

Aquí las notas de mi comentario de radio en IMER en el programa que conduce Mario Campos (aquí su blog). Las opiniones son personales y los errores son atribuibles exclusivamente a mi persona. El comentario se transmitió el martes 31 de marzo a las 7:45 AM.




Desde el punto de vista económico, probablemente el tema más relevante es el ultimátum que el gobierno de Barack Obama le ha impuesto a las empresas General Motors y Chrysler.

Un antecedente.

Hoy vencía el plazo para que ambas empresas presentaran al gobierno un plan de reestructuración que justificara la transferencia adicional de subsidios con el propósito de mantenerlas a flote. GM requiere, según se dice, 16 mil millones de dólares y Chrysler $5 mil millones.

GM presentó su propuesta de plan el fin de semana a la Casa Blanca. La propuesta se consideró insuficiente y no gustó. En consecuencia, para mantener la posibilidad de algún apoyo gubernamental, se acordó la salida de Rick Wagoneer, su presidente ejecutivo.

Además del ultimátum, el gobierno presentó su propio plan en el que sugiere dividir a las empresas en dos partes: por un lado, los activos 'buenos' (marcas rentables como Chevrolet y Cadillac en el caso de GM) y, por otro, los activos malos (marcas no rentables) y enviar estos a un proceso de quiebra formal (denominado capítulo 11). En el caso de Chrysler, la recomendación gubernamental es que se asocie a la empresa italiana Fiat.

¿Qué le sucedió a ambas empresas, consideradas por muchos años el símbolo del poder industrial norteamericano?

No lograron adaptarse a un mundo con mayor competencia. Por un lado, la empresa mantuvo una política de prestaciones y beneficios insostenible y no fue capaz de renegociar los términos del contrato colectivo con el sindicato correspondiente. Además, a diferencia de otras automotoras, mantuvieron la producción de autos grandes que consumen mucho más gasolina.

Se estima que el contrato colectivo le genera un costo adicional de $2,000 dólares por cada auto vendido. Cuando los carros que vendes son, digamos, camionetas relativamente caras, es fácil ‘ocultar’ el sobreprecio. Pero si lo que tienes que vender, porque para allá ha ido el mercado, son autos más pequeños, resulta mucho más difícil ocultar tal sobreprecio. En consecuencia, los autos que venden estas empresas son relativamente más caros que los autos similares que fabrican otras marcas.

El tema de las automotrices nos recuerda uno de los problemas de política pública más interesantes y es lo referente a la “protección” de empleos en industrias ineficientes. Políticamente, en el corto plazo, es difícil permitir la reestructuración de sector ineficientes porque es muy doloroso, pero desde el punto de vista económico, en el largo plazo, presenta mayores inconvenientes mantener con vida artificial sectores que no son productivos.

Para un político es difícil decir esto y parece que no hay opciones. En mi opinión, si las hay. Es aquí donde programas público-privado que capaciten continuamente a los trabajadores para que ellos puedan mejorar sus habilidades y conocimientos son mucho efectivos. De esta manera, si algunos de ellos trabajan en industrias ineficientes que con el tiempo quiebran, los trabajadores, gracias a sus habilidades y competencias, puedan reubicarse en otra industria.

En conclusión, y regresando al tema de las automotrices norteamericanas y el anuncio del presidente Obama, me parece que va en el sentido correcto de permitir una quiebra formal y terminar, con ello, la transferencia de subsidios a estas empresas que aun no logran ser más eficientes.

Uno podría preguntarse porque tenemos que esperarnos 60 días adicionales (llevamos con este tema ya varios meses) pero creo que lo que está sucediendo es que el gobierno de Obama se está dando un espacio político para decir que le dio una oportunidad a las empresas de poner su casa en orden.

El tema es complicado políticamente y presenta varios riesgos para la administración.

Menciono dos.

Una bancarrota no va a gustar, por el contrario, molestará al sindicato de autos que es uno de los sindicatos más influyentes en los Estados Unidos y un grupo asociado al Partido Demócrata.

El otro, la propuesta gubernamental los expone a la crítica y señalamiento de que es más duro con las automotrices que con el sector financiero. Se dirá que lo que está haciendo con las automotrices, lo debería hacer con los bancos.

Pero como en todo quehacer gubernamental, nunca hay soluciones buenas: solo soluciones malas y pésimas.

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